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ADORO a la Garanca. La ADORO mucho. Creo que es la voz más interesante de su cuerda en este momento, por belleza, generosidad, coherencia con su temperamento y porque le echa dos y se atreve con todo. Hace un disco muy berganciano sabiendo de sobra que no es Teresa Berganza pero encuentra la forma de ser personal, puntualmente brillante y, así, persuasiva. El programa del disco es exigentísimo (muy heterogéneo, en realidad), y Garanca da el tipo con una tremenda entereza, y casi se reinventa para cada pieza. Artista!
Por el reto propuesto y el resultado global, pues, me quito el sombrero. Pieza a pieza, mirando con detalle, hay cosas muy buenas y otras no tan buenas. La artificiosidad del castellano, la debilidad del registro grave, el color bello, sí, pero también ligeramente pálido del timbre y la irregular agilidad son problemas que, asombrosamente, logra superar casi siempre. Casi. De España vengo es mejorable (con esa coloratura su virtualidad para especializarse en esta música está muy tasada), el Barquillero muy cauteloso, como si aún no hubiera terminado de hacerse con la (bellísima) pieza, y el Amor Brujo no debió grabarse. Luego hay cositas de texto, como el re-al del Vito, pero bueno. En todo lo demás... que todas las extranjeras cantaran así la música española. (O que la cantaran, a secas.)
Entre las piezas no en español, Ravel no empieza mal, pero el disagio en algún momento es muy evidente, Candide está graciosa (me encanta el coro: me sale una hernia...), Lehár es EXCEPCIONAL y los fragmentos de Carmen fresquísimos (aunque la versión primigenia de la Habanera me parece prescindible y no comprendo esta moda de grabarla). Una temeridad, sin embargo, la pista 11, que casi da al traste con la seriedad que merece el resto del trabajo.
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