
En el año 2000, Thomas Hampson grabó este recital, tutti frutti por otra parte porque contiene escenas completas y arias sueltas a placer, en el que evidencia una organización vocal en franco declive. Partiendo de la base quimérica de la estatura baritonal verdiana del americano se observan varias cosas. Primero, que la personalidad del cantante se adapta mejor al Verdi, digamos, de salón, más intimista y recogido , bastante bien en la escena de Stankar del
Stiffelio, que al del del guerrero o jefe donde naufraga completamente, ejemplo claro, la escena de
Il corsaro con recitativo, aria y cabaletta con doble vuelta (hace falta ser sádico) en la que parece un grumetillo imitando a Blas de Lezo. En segundo lugar, un cantante que por modos y formas es la antítesis del baritono verdiano. Empezando por el acento, cursilón y amanerado, en la peor línea dieskauniana, la imposible dicción y el instrumento, de partida poca cosa, y que aquí se escucha bastante castigado, con todos los graves sordos y ahuecados, un centro seco y ya prácticamente sin armónicos y en las contadísimas y medidas subidas al agudo, oimos, en el mejor de los casos, un sonido fibroso y abierto, lejanamente relacionado con el canto, y en el peor un ridiculo falsete al más puro estilo Jalisco (en la escena de
Les vêpres siciliennes)
A pesar de todo lo anterior, en escenas como las de la Traviata o la anteriormente citada Stiffelio, muy bien cantadas, con un fino sentido del legato, muestra el cantante que en su día fue.
Richard Armstrong dirige a la megaverdiana Orchestra of the Age of Enlightenment como si nada fuera con él.
EX CATHEDRA.