Siddharta escribió:
Como siempre, tenemos que preguntarnos qué es lo que se debe adaptar escénicamente y con qué fines. Todos entendemos el contexto moral en el que discurre la Traviata, como muy bien ha explicado Maddalena. Y todos hemos visto producciones que nos lo recrean al milímetro, como la de Zeffirelli.
Bien. Pero creo que en Traviata hay ciertos elementos que realmente merece la pena sacar de su corsé temporal y ver qué otros corsés le pueden hacer bien. Y más en una obra cuya fuerza teatral radicaba en el momento del estreno en su visceral contemporaneidad. Verdi también buscó
epatar con una call girl de lujo, en cierto modo.
Una producción puede reforzar el alejamiento respetuoso con el texto de la obra, y presentarnos Traviata como un drama burgués del XVIII, lleno de valores a nuestros ojos ridículos y antiguos. O puede optar por rescatar aquello que de Traviata aún nos mueve por dentro, sin forzar el texto.
Porque esa es precisamente la virtud de la producción de Carsen, por ejemplo. En ningún momento el texto se ve forzado (vale, los toreros no son muy toreros, y qué), y sin embargo la actualización es radicalmente convincente. Hay millones de detalles brillantes en esa producción, pero sólo se puede disfrutar de ellos si aceptamos (si queréis, por convención), que el director ha renunciado conscientemente a muchas cosas (toda elección artística implica renuncias).
Bien, en la producción de Carsen no se entiende muy bien la actuación de Germont. Pero se entienden otras cosas. La obsesión de Violetta por la imagen (es el papel de las fotos, cómo ella las saca en el último acto, es desgarrador); el papel central del dinero (a mí me encanta cómo quedan ridiculizados los valores de hojalata de Germont, cantados en medio de un bosque de dólares); y esa relativización total del drama, en la última escena, con esa luz brutal, con los operarios llevándose los últimos restos del apartamento, y el grupo de protagonistas en el centro, ridículos, ignorados. Y detalles como el del libro (es
Manon Lescaut!)que sostiene Violetta y tira al suelo, renunciando a él, en el duo con Germont son buenísimos.
Son un montón de cosas, de sensaciones, de ideas que jamás podría transmitir una producción de época, perfectamente ambientada. ¿O no?
No.
A mí ese montaje me parece simplemente una banalización, un intento de utilizar con montajes e imágenes que puedan distraer la atención del espectador hacia una música, hacia un drama que no se presta a ello.
¿Sabe usted, Siddharta, cuál sería la verdadera actualización de la historia de Violeta Valéry? Pues, naturalmente, encargar una nueva ópera sobre el tema. Y respetar la obra de Verdi y Piave como lo que es, un drama del siglo XIX, que debemos entender como tal. Con esos "valores de hojalata" (que no lo son, simplemente son valores distintos a los suyos, joven amigo) y ese entorno social sin el que no existe una explicación clara a la conducta de los personajes.
A la hora de poner en escena una obra del pasado, creo que con frecuencia se pone el acento en "reinterpretar la obra para que diga algo al público de hoy". Por supuesto, en ópera, esto es absurdo, pues de ello ya se encarga la música. En el apartado puramente escénico, sin embargo, me parece mucho más interesante que nos ilumine el pasado, como era esa obra en su concepto original, o, incluso, como se entendía en el siglo XIX un drama como
Simon Boccanegra, que transcurre en el XIV.
Dicho esto, hay sin duda óperas que se prestan mucho más a experimentar con ellas en la escena. Pero no es el caso de
La Traviata.