Alfredo Kraus escribió:
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Todo esto viene a colación porque en otro momento de la crítica a la que me estoy refiriendo se dice: “Así, cuando en el ‘Spenta’ final en vez de mantener el (agudo) escrito lo ataca y lo eleva creo que innecesaria y perjudicialmente, porque es de mucho más efecto mantenerlo en plenitud…” Personalmente, y al contrario, estimo que, en general, lo que realmente es de más efecto es el “aún hay más y más difícil”. Pero, con respecto a este caso concreto, da la casualidad de que “el (agudo) escrito”, que es un do, tampoco está en la partitura de Donizetti y si se hace es arbitrio del tenor –alguno, en el pasado, lo haría por primera vez, puede que Gayarre, o Duprez, o Moriani, o Tiberini…, quién sabe–. Yo insisto en esa arbitrariedad y canto ese do, pero le doy –aunque no siempre– una apoyatura (cosa perfectamente legal y dentro del más puro estilo belcantista, aun cuando ese belcantismo fuera el ya menos puro del músico de Béramo), de tal forma que me voy al re bemol (do sostenido), con lo que me mantengo, además, es los límites de la más estricta musicalidad, ya que la citada apoyatura va a un tono menor, desciende de nuevo al do natural y resuelve de manera armónicamente perfecta, puesto que la orquesta termina precisamente en menor. Por si fuera poco, ese re bemol da más expresión a la frase; una expresión de lamento, de tristeza, casi de desesperación por la muerte de Leonora.
Por lo tanto, y aunque cabría, descendiendo a casos concretos, hacer alguna matización, no creo que se deba prescindir de los agudos no escritos. Son testimonio y herencia de una época (o de varias: belcantismo, romanticismo, verismo) y manifiestan el poder, la fuerza, la capacidad de sugestión y de misterio de la voz humana; algo que subyuga al oyente. Si priváramos a la voz de esa prerrogativa, que da pie a mostrar lo que tiene de excepcional, de casi sobrehumano, la emisión de los sobreagudos, estaríamos poniendo el arte del canto al alcance de cualquier instrumento vocal no cultivado y lo convertiríamos en algo fácil, trivial y nada meritorio.
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Yo no tengo ni idea de música, pero me gustaría saber si esa afirmación que he remarcado es rematadamente falsa o no.
