He estado varios años, acudiendo al teatro con entradas sueltas. Hace un par de años, me aboné, porque me interesaba la temporada y quería garantizarme ciertas cosas, ante la duda de quedarme sin ellas. Esta temporada, lo he dejado porque no me interesa y seguiré con el mismo procedimiento de comprar, para lo que me interese.
Por mi parte, jamás he usado un abono, ni he pretendido, para presumir de dinero o para dejar claro mi estatus social (que además, ni tengo palco, ni butacas carísimas, ni nada por el estilo). Me parece que somos un público, como cualquier otro. Sin más obligaciones, ni más derechos que el resto y con el mismo derecho a opinar, juzgar, alabar o criticar una temporada.
Lo que más me molesta, es como se nos cataloga a los abonados, de rancios, de paletos, de analfabetos, de borregos (leído en este foro, sin ir más lejos) de tradicionales, de estar cerrados a la ópera "moderna"...lo cuál no deja de ser una estupidez como un piano, porque mucha gente nos interesamos también por otras obras (no creo que pedir un poco de seriedad y un mínimo nivel, sea menospreciarlo), aunque no lo parezca. Menos, cuándo una gran parte de los abonados, hacen posible que las entradas se vendan y financian en cierta medida (ya se ha hablado de lo constoso que sale una representación operística) las funciones. Sin ir más lejos, sin los abonados, no sé como se hubieran vendido más de 3000 entradas para el
Saint François D'Assise o
Król Roger. Simplemente, nos merecemos el mismo trato.
Es como si un día, me da a mi por decir, que los que cogen entradas sueltas son unos "snobs", unos roñosos, que no tienen dinero para un abono, o unos perroflautas
