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0. Prefacio
El año pasado, por estas fechas, escribí un rollazo sobre mi asistencia al Festival de Glyndebourne. Me quedó largo y decidí trocearlo por capítulos, y es que como tiene su complejidad asistir a dicho festival, estaba en mi intención el poder ayudar a quien pudiera plantearse su asistencia o el relatar en detalle mi experiencia para conocimiento de todos.
Cierto es que ya había asistido a otros festivales veraniegos como el de la Arena de Verona, el de Bregenz o el de Perelada y no les había dedicado tanto tiempo, pero es que me puse a escribir so-bre Glyndebourne y me salió así.
Me propuse asistir con mi familia, hasta que se harten, a un festival veraniego por año, intentar ha-cérselo atractivo con actividades paralelas (Après-opera) y este año ha tocado Salzburgo. Veremos si mi familia aguanta el ritmo y veremos cómo lo visto cuando toque Bayreuth. En fin, todo a su tiem-po.
Hablando de Bayreuth, no puedo más que mostrar mi admiración por el hilo existente y los cono-cimientos compartidos por El wagneriano y Alberich. Cuando me toque, ya acudiré a ellos, si me lo permiten, a por consejo. Puede que sea el próximo verano.
Al tajo
1. Introducción.
Salzburgo es el festival más pijo del mundo. Y probablemente el más caro. Y se venden todas las entradas.
Es apabullante: dos óperas al día, dos conciertos al día, alguna obra de teatro, eventos paralelos…la pequeña y coqueta ciudad hierve con ello. Las mejores orquestas, los mejores cantantes, los mejo-res intérpretes. Yo fui con la intención de ver sólo un espectáculo y mi mujer me contuvo y sólo fui-mos a Carmen, aunque intenté más. En mi corta estancia también se interpretaron un Cosi, una Ariadne, un Viaggio, un San Francisco de Asis (ópera favorita de Nico), la Wang y su piano, Muti con la Filarmónica de Viena, etc… y estuve 4 días!!!
Es el único lugar, que yo recuerde, en el que te piden específicamente que vayas bien vestido, y claro, un derroche de lujo y opulencia. Un desfile de joyería y alta costura para ellas (los hombres ahí lo tenemos más fácil), a veces impúdico por lo excesivo.
A la salida atasco de coches con chófer que ni cabían en la calle. A mi función acudieron los reyes de Suecia, por ejemplo.
No me sentí un miserable entre tanto derroche porque en casa somos muy apañados y mi mujer, con 4 cositas estaba más guapa y más elegante que el resto asistentes por mucha chapa y pintura que llevasen encima. Lo mío, sin embargo, tiene más difícil arreglo.
El festival cuenta con un mínimo de 6 o 7 ubicaciones dónde se celebran eventos, algunos propios del festival y otros prestados, como la plaza de la catedral, cada año colapsada por Jedermann.
La ciudad se vuelca, se vuelve peatonal. Hay plazas con pantallas gigante retransmitiendo óperas de otros años mientras se puede degustar una cerveza con alguna salchichilla de la vecina Baviera. Hoteles llenos, carteles por doquier, el festival manda.
Vamos, que los austriacos, como pasa en Viena, saben convertir la música clásica en un aconteci-miento que atrae a turistas.
2. Salzburgo.
Es una ciudad encantadora, asequible, cómoda, preciosa. Un museo al aire libre del barroco, con un castillo, 54 iglesias, palacios, jardines y una temperatura excelente por la noche.
Además de la belleza de la ciudad y del entorno, han tenido dos individuos en su historia que la condicionan y la han convertido en un parque de atracciones alrededor de ellos: Mozart y el Barón von Trapp (más bien Julie Andrews).
Lo del Mozart es comprensible. Lo de Sonrisas y lágrimas (The sound of the music), no tanto. Hay mil acontecimientos y personajes más interesantes en la historia de la ciudad (como Paracelso, ente-rrado a pocos metros de Leopold y Constanze Mozart), pero Hollywood no estuvo ahí
La pequeña Salzburgo tiene 150.000 habitantes aproximadamente. Pues bien, el tour sonrisas y lágrimas lo hacen 350.000 personas al año.
¿Y yo que? Se preguntarán Uds. Pues sí, yo también lo hice el tour sonrisas y lágrimas. Ya he comentado el paquete paralelo que debo añadir para no saturar a mis acompañantes. En mi descargo diré que la otra excursión que organicé fue a Hallstatt y está sí que merece hasta el último euro y minuto dedicado.
Por si alguien está interesado, el tour de Sonrisas y lágrimas es en inglés, obviamente (en vez de Don, es trato de varón, es Doe, a deer, a female deer) y está hecho para fanáticos norteamericanos que han visto la película 200 veces y que son el 80% del aforo del autobús y que cantan todas las canciones, no sólo la que incluye el programa nos hace cantar el guía a todos (el famoso Do, Re, Mi) en un momento divertidísimo por lo infantil, vergonzante y esperpéntico.
Salzburgo, en lo gastronómico, aunque también cuenta con restaurantes de estrella Michelin, poco que reseñar. Comida teutona con su famoso wiener schnitzel, salchichas, apfelstrudel y poco más. Baste como ejemplo que cuando pedí recomendación a un indígena, me indicó de dos italianos y un indio. La cerveza buena.
Poco más que reseñar de una ciudad de la que no cometeré el atrevimiento de describir ya que supongo que la mayoría de los lectores la habrán visitado. Y si no, no sé a que esperan, ya que es maravillosa.
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