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Coincido con las apreciaciones de fdelgado acerca de esta ópera.
Es una obra que no me pondría en casa para escucharla pero que es muy interesante haberla visto escenificada. Y también muy interesante el leer acerca de su composición, de su autor y su familia, de su importancia a principios del siglo XIX y de cómo es casi un desconocido en España.
En lo que a esta ópera se refiere, la música bebe directamente de la influencia mozartiana y rossiniana, es evidente, pero mezclado con ritmos populares españoles. Tampoco es que sea el colmo de la inspiración, todo sea dicho. El argumento es un pequeño enredo amoroso entre nobles y gitanos lleno de topicazos con una solución simplona de doble anagnórisis.
Está estructurada en 2 actos, el primero de hora y media que se hace un poco pesado porque la acción no progresa. En el segundo la música cobra algo más de vuelo y es mucho más resultón.
La puesta en escena es muy sencilla pero está muy bien manejada. Sagi sabe de teatro y sabe mover a los cantantes. Sí, hay sillas, sí, hay confetti, sí, hay personajes haciendo monerías al fondo de la escena principal. Marca de la casa. Todo muy ayudado por un muy buen trabajo de iluminación. El final del primer acto es de gran belleza plástica y efectismo.
La dirección musical me resultó bastante plana. Correcta, pero eché de menos un poco de brío.
El coro, muy reducido, cumplió.
La protagonista es Sabina Puértolas, muy cómoda en tesitura, con sobreagudos esforzados pero dándolos y recreándose en la coloratura. Un pelín relamida en lo interpretativo, es una gitanilla demasiado fina. Pero es que el argumento tampoco es que dé mucho para más. Se lució en su gran aria del segundo acto.
A s lado, su enamorado Hernando se quedó en una prestación adecuada en estilo pero muy modesta en voz.
Muy bien el Baldaquín del barítono José Povedano, como se dice, un calco del Leporello, aunque con una dicción un tanto extraña en los recitativos.
María José Moreno juega en otra liga. Quien trabaja con su voz, tiene buena técnica y la posibilidad de elegir el repertorio que le viene bien puede mantener la salud vocal durante muchos años. Salió, cantó y venció. Ovación.
Bien Begoña Gómez (sí) como una pizpireta Laura que tuvo mucho trabajo de actriz.
Correcto José Ángel Florido, que cantó lidiando con una laringitis y aún así mantuvo el tipo.
Pietro Spagnoli cumplió con autoridad su papel de padre / tío, me quedé con ganas de que el rol fuera algo más elaborado y bufo.
Y bien elegido Emilio Sánchez como veterano tenor para el breve cometido del Corregidor.
Salimos bastante contentos del teatro. No es una obra capital pero, como digo, muy interesante de conocer y que estuvo bastante bien servida en el terreno musical y escénico. Una producción más abigarrada la habría lastrado, pienso.
Sólo ha habido 5 funciones, quizás por esto Tip no hayas podido encontrar entradas. El teatro desde luego estaba lleno, y yo me esperaba alguna deserción en el descanso pero no fueron evidentes. Con suerte la pondrán en el Youtube del Teatro de la Zarzuela o en la web de la Teatroteca. Es un poco heavy para vérsela en vídeo entera por el riesgo de distracción, pero merece la pena.
Crónica extramusical: Detalle uno, la cola del baño. Ay cómo se nota esa hora y media de primer acto. En el descanso la cola del aseo de la primera planta parecía la de Doña Manolita en diciembre. Y finalmente entro y los dos señores delante mío en el lavabo echándose agua en cara y cabeza... no sé, como para despejarse. Lo pusieron todo perdidito encharcado.
Y detalle desagradable. Primer piso, palco ocupado por dos chicas jóvenes vestidas con hiyab, el pañuelo musulmán, a las que ya hemos visto en otra función. Comentarios de señor y señora detrás nuestro al darse cuenta de su presencia: "qué hacen sacando fotos si su religión lo prohíbe", "que se vayan a su tierra", "luego llegan a su casa y el marido les pega"... y más lindezas que ya no escuché porque me pude abstraer. Y eran sólo un poco más mayores que yo, calculo. El signo de los tiempos.
Y con esto finiquito mi temporada del Teatro de la Zarzuela. El Gato montés, por mucho Loy que lo haga, que se lo coman ellos, me parece un soberano aburrimiento. A la Pepita Jiménez y el programa de Goyescas/Retablo no fui. El Potosí me pareció una buena idea naufragada. Pero luego de los tres espectáculos finales a los que he ido he salido muy satisfecho: Bohemios, Jugar con fuego y El gitano por amor, así que para mí el balance de temporada es positivo.
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. operitas
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