Pues estuvieron mucho mejor las féminas que los dos cantantes masculinos. Un berreante Ivaschenko y un ridículo Kaiser al que ya padecí en Paris el año pasado como Matteo en Arabella. Inenarables los falsetuchos que endiñó el amigo.
La Tilling, al menos, no desafinó en los exigentes y muy expuestos ascensos de su postrera intervención.
Esplendorosa la Berliner, cuerda espectacular, empastadísima, capaz de recogerse en embriagadores pianos, maderas cálidas y precisas. A mí me pareció muy interesante la dirección de Rattle, que nunca ha sido santo de mi devoción, con un sentido de la construcción, unas gradaciones dinámicas (¡esos chelos en pianíssimo exponiendo la melodía de la oda a la alegría!), detalles primorosos... a no ser que simplemente me epatara la inmensa calidad de la orquesta como dice algún amigo mío antiRattle
