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Crónica de la función de ayer, 10 de marzo:
Bien, pues a pesar de no contar con Meier, el de ayer fue un gran Tristan. Para empezar, por la orquesta y por Barenboim. Memorable trabajo, un autentico derroche de medios y de matices. Maravilloso.
En lugar de Meier teníamos a Irene Theorin. Escuchada su Isolde de ayer debo decir que no se me ocurren más nombres que el suyo y el de Stemme, al margen de Meier, para cantar el rol a día de hoy. Una creación deslumbrante. Tiene una voz enorme, pero muy controlada, capaz lo mismo de aterrar con un agudo penetrante que de cantar a media voz, hacer messa di voce. Muy, muy bien, unos medios sin duda para Isolde. El timbre no es tan seductor como el de otras, pero en escena tiene mucha autoridad y su canto es magnífico. Su "Mild une leise" fue de órdago. Brava como Isolde, opinión unánime de todos los asistentes. Con sustitutas así da gusto.
La otra sorpresa de la noche fue Storey. Su Tristan en DVD desde Milán nunca me gusto. Ayer comenzó con un primer acto normalito, para ir a más en un segundo acto de gran intensidad con Theorin. Pero fue en el tercer acto donde nos dejó a todos boquiabiertos. Una voz enorme, con una presencia constante, con un agudo metálico y limpio, sin fatiga alguna, dándolo todo. Apabullante. No me esperaba ese derroche de medios en el complicado tercer acto. Bravo no, bravisimo.
Del resto destaca el Marke de Pape, inmejorable la gama de matices, contrastes, la atención al texto, el empaque vocal, la presencia escénica. En fin, Pape en sus días de implicación plena. Un lujo.
Gubanova tiene una voz preciosa, grande, limpia, canta con mucho gusto y firmó una Brangane irreprochable.
Muy bien también el Kurwenal de M. Gartner y el resto de secundarios, a la altura de la función.
Lo más flojo, para mi gusto, la anodina y torpe puesta en escena de Kupfer. De hecho no sabría si llamarla puesta en escena porque tiene una dirección de escena escasa y mejorable y se limita a plantear la omnipresente instalación del ángel alado en mitad de la escena, girando para aquí y para allá sin añadir gran cosa. Me esperaba mucho más de Kupfer.
En todo caso, para el nivelón musical de la noche, asunto secundario.
Un gran Tristan, pues. Con Meier ya hubiera sido inolvidable...
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