Os cuento mi opinión de la función del domingo, totalmente sujeta a la subjetividad del simple y llano aficionado. Vaya por delante mi respeto por el trabajo de todos los que intervienen en esta Poppea. Ahora que en el foro está tan de moda el estilo bronco imagino que estas palabras pueden sonar un poquito raras, pero me apetece decirlas.
Por mi parte le doy un notable. Lo mejor me han parecido los cantantes principales y el montaje escénico. Discutible me parece la labor del director musical así como algunos personajes secundarios.
Puertolas fue una Poppea sensual a rabiar, que cantó estupendamente y que nos ofreció caviar del bueno por momentos (como esas marcadísimas y buscadísimas disonancias a la segunda). De los dos contratenores fue Sabata (Ottone) el que supo llevarse el gato al agua. Más cantante-actor y en un rol más cómodo que Cencic (Nerone) que, aun así, salvo los problemas de agudos (tirantes), estuvo muy bien. También tuvieron grandes momentos Stotijn como Ottavia (especialmente en su gran despedida) y de la Merced como Drusilla. Bou (Seneca), y que será el Marke de la COINFO, me pareció un peldaño por debajo de todos ellos, por estilo y por capacidades vocales. En circunstancias parecidas Zapata como Arnalta, más preocupado de la actuación que del canto. Entre el resto sobresale Ubieta como Amor y las ganas que le echa Abreu (Valletto).
El montaje muy Sagi: efectista, elegante, bonito, y con algún toque kitsch. Me parece fantástico que se hayan buscado elementos que sean estéticamente atractivos (gran trabajo de Urquiola) y que se haya trabajado mucho la dirección de cantantes. Por añadir un pero sólamente indicar que por momentos parece que las ideas no son muy originales pero, aun así, ¡qué narices! ¿por qué quejarse? Cuando nos dan un montaje tradicional, porque es tradicional, cuando es moderno porque es moderno, cuando está cambiado, porque está cambiado, cuando es konzept porque es konzept. La propuesta escénica fue de un gran nivel y no pretendía buscar cosas más allá. Quien se queje de que las diosas del principio salían en un spa o que los personajes salen con traje y corbata, pues sí, así salían. Me parece que es quedarse en la anécdota.
Finalmente dejo para el final lo que me parece que lastra la producción: la dirección musical. Poppea es una obra teatralísima, exige ritmo y un control total de la agógica. La obra es larga y no delineada totalmente por el compositor y sólo el dominio de esos elementos, así como de la creación de un continuo rico y diverso, permiten sacar todas las bondades a la partitura. Tal y como yo lo veo algo de esto (un poco de todo) faltó el domingo. El principal escollo lo plantea, para mi gusto, un director musical que no dirige desde el atril, sino desde el clave. El 80 por ciento del continuo de la obra lo ejecuta el director musical y, claro, se lo pasa en grande, pero no da pie a que los otros ejecutantes participen del festival (e introduzcan variedad). El segundo clave muerto de la risa la mayor parte de las veces, y también casi todos los instrumentos del continuo. Hasta 20 nos anunciaba la prensa. La mayor parte del tiempo sonaban 2 ó 3. Con esto lo que más lució fueron los ritornelli, los tutti orquestales... pero que quedaban lastrados por entradas inexactas (mal ejecutadas desde esa posición incómoda al clave). Así que, en resumen, eché de menos elementos que le den vivacidad y variedad a la música (concitatos más agresivos, por ejemplo, o compases más marcados en la escena en la que dos personajes danzan a un ritmo que es cualquier cosa menos bailable). Además me pareció (llevo dándole vueltas a ello dos días) que el director musical se desentendió de aspectos claves en la representación: los estilos de las voces (cada cual de su padre y de su madre, sin un atisbo de homogeneidad estilística, ni de su búsqueda), el canto (debería haberse preocupado de que Zapata cantase mejor y actuase menos, ya que la comicidad de Arnalta está en la partitura, y no en las pantunflas que lleva, o de comentarle que la nana pierde muchísimo cuando se canta entera en falsete) o la interacción con el director escénico (no se puede permitir que las diosas estropreen la sinfonia con sus grititos en el spa o que los comentarios hablados de ciertos personajes tapen a otros cuando cantan). Además del, para mi gusto, grandísimo fallo que es cambiar la escena de la muerte de Séneca antes del descanso. Precisamente esta muerte, y todas las consecuencias de dolor y celebración, son el motor que arrastra el segundo acto. Sin ellas, el comienzo de éste se vio lastrado dramáticamente. Todo esto hace que, para mí, la representación no fuese de sobresaliente.
En cualquier caso, me parece que es una de las producciones que, en conjunto, más han demostrado que se pueden ver buenos momentos de ópera en Oviedo. Si puedo trataré de ir a verla mañana. Tal vez mis opiniones sean totalmente contrarias a éstas. Así que no hagáis mucho caso de lo que os he contado
