No me es facil contar mi visión del recital de ayer, porque todavía tengo sentimientos mezclados. Pero lo intentaré.
Lo esperaba con gran ilusión porque a mí me gusta mucho Ciofi desde el Tancredi de hace unos años en que la escuché por primera vez. Y soy de los que, probablemente por mi carencia de conocimientos de técnica vocal, consideran que Nucci, incluso ahora, es uno de los mejores barítonos que por ahí andan, o por lo menos tal vez el único que recuerda, con su estilo de canto, a los grandes de su cuerda de otros tiempos. Y yo respeto mucho a la historia. Por dar una idea, fui de los que salió del Rigoletto de hace un año encantado de haber asistido a una noche excepcional de emoción y, sí, desde mi punto de vista, de buen canto.
El recital de ayer, sin embargo, no empezó bien, y ahí empiezo a coincidir con Devereux. No me gustó Ciofi en la Stuarda, ni me entusiamó Nucci en los Puritanos (aunque bastó la frase de entrada "or dove fuggo io mai?" con una potencia y un timbre que probablemente envidien tantos baritoninos actuales, para convencerme de que ya no quedan más Nuccis que Nucci).
Luego, sabéis que no soy demasiado belcantista, así que la primera parte... pues bien sin exagerar. En la segunda ya entraron en Verdi y en efecto, a mí también me chocó, más que el momento "tablero deportivo" la ovación de un público que hubiera imaginado poco interesado por el partido. Pero bueno...
A mí la escena del segundo acto de Traviata me gustó (más que el "sempre libera") aún reconociendo que Ciofi tuvo alguna dificultad. Y estaba empezando a disfrutar del "Eri tu", aunque ya la voz no es sin duda la del día, allá por el 90, en que se la escuché en representación, cuando Nucci tuvo un despiste y entró con la frase siguiente antes de tiempo, lo que me desconcentró completamente y, me parece, también a él. Aún así ibamos ya entrando en la fase apoteósis irracional y, como dice Devereux, pre-histérica.
Que culminó en la escena de Rigoletto, peor desde todo punto de vista que la de la representación del año pasado, o de la del bis de aquella noche. Pero allí ya se desató la histeria.
Y los bises ya fueron de pleno despropósito (no porque cantaran mal, ni la Rondine ni el Chenier -e incluso admitiendo que si soy poco belcantista soy todavía menos verista-). Era obvio que se esperaba el bis de la "Vendetta", lo dieron y esta vez positivamente mal, ambos: chillones e histriónicos. Pero la histeria (supongo que los críticos de prensa hablarán de apoteosis) había ganado la noche. Y un cuarto de hora después, ya con el teatro medio vacío pero con un cuarto que se negaba a irse (incluido yo, más por curiosidad que otra cosa) llegó otra tercera repetición de la "vendetta". Peor que la del recital y algo mejor que el bis. Pero daba igual. Ya no se aplaudía a los cantantes sino que se quería batir también el record de la más larga ovación en diez años del Real...
Total, que salí y en casa me puse el "Eri tu" de cuando Nucci estaba en plena forma. Y cantó divinamente.
Y me encanta haberlo podido escuchar otra vez en vivo. A mis nietos, si alguno me sigue en la operomanía, le contaré que las últimas veces que le escuché ya no era sombra de lo que fué, aunque seguía siendo un barítono excepcional aún en el 2010.