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11/11/09
La representación murciana para los abonados de Promúsica fue bien recibida por el público.
Destaco el intérprete de Rigoletto (Paolo Ruggiero), con sus defectos que se manifestaban en el registro agudo, algo opaco y sin cuerpo. Contaba de todas formas con un timbre bello y buena proyección en conjunto. Desarrolló un personaje creíble que enfatizaba dignamente los estados de ánimo del bufón.
Una pena de Gilda (Uran Urtnasan), que aunque con una voz adecuada y con posibilidades, su técnica era más que desagradable y aburrida. Vibraba todo pasaje, toda nota, casi hasta las notas picadas, no exagero. Eso sí, no desentonaba, no tenía problemas de emisión, y la coloratura la resolvió sin problemas. Hay quien le gusta el vibrato continuo, como a la mayoría del público que la acogió con calidez.
Al Duque (Andrea Coronella) no se le oía lo suficiente. Cortos y débiles los agudos, borrosa la coloratura, falto de elegancia. Hasta la soprano lo tapaba con su “penetrante” vibrato en el dúo del primer acto, tanto que el agudo final del Addio, addio sólo le pertenecía a ella.
Sparafucile no destacó, pero no molestó. Maddalena también cantaba para sí misma, y Monterone tenía una voz de viejo con un vibrato demasiado abierto.
La orquesta tampoco fue protagonista, se limitó a acompañar a los cantantes sin aportar elementos de interés. También es cierto que me fijé más en las voces. Para mí que realzaba mejor a Rigoletto que al resto.
La puesta en escena, pues lo de siempre, lo que uno se espera, nada original.
Tanto que disfruté los dos Mozart del año pasado (Bodas y Così) y El Murciélago, de este Rigoletto me quedo con la música de Verdi (que si no llega a ser por eso habría sido insatisfactorio) y a medias con el bufón.
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