Carl Tunner escribió:
Lo que es de risa es que yo me tire un mes explicándole a una persona el argumento de Roberto Devereux o de Maria Stuarda (...)
Bueno, pues ya de entrada o su interlocutor era ciértamente torpe o usted se da a entender muy mal, aunque esto explicaría por qué su discurso se cae por todos los lados...
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(...) y la enjundia de la ópera como género (...)
Pues fíjese que para explicar la enjundia de la ópera como género tendría usted que referirse al teatralísimo Monteverdi que tanto adora, que para eso se la inventó, y no a Donizetti, que precisamente no hace con el subgénero algo diferente a lo que según usted Loy hace con la ópera: Desvirtuarlo.
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(...) para que luego vea ver a un señor en calzoncillos o tirando darditos cantando un aria, a una Stuarda en silla de ruedas y revolcándose en el suelo.
Esa producción de Stuarda (aunque debo admitir que no la conozco entera) es cuanto menos ingeniosa en cuanto a las referencias cinematográficas en las que se apoya, cosa que ignoro si usted entendió. Y es que apoyarse en algo anterior para desarrollar una nueva obra de arte no es ni pecado ni novedad: Donizetti se apoyó en la obra de Schiller para, precisamente, crear Maria Stuarda, y a todo esto nadie le ha preguntado al alemán qué le pareció el invento...
El Roberto, por otro lado, es sencillamente fabuloso.
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Eso es una basura. Es de mal gusto y chabacano.
Pues ya ve que no es algo diferente a lo que Donizetti hacía.
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EN el belcanto lo esencial es eso el canto y que los cantantes lo puedan desarrollar y nosotros disfrutar en las mejores condiciones.
Pues entonces que los que creen que lo esencial es el canto se centren EN EL CANTO y nos dejen a los que creemos que para disfrutar en las mejores condiciones hace falta un buen planteamiento escénico que ahonde en la esencia de la obra (dramática y musical, nunca disociada) en paz con nuestro re-elaboradores de la ópera.
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Se equivocan de época. Lo de los bostezos es en el barroco.
Lo de los bostezos forma parte de la biografía de Rossini. Lo de atacar con otra cosa cuando lo que se defiende no tiene dónde apoyarse forma parte de la biografía de muchos foreros.
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(...) se escuchaban mientras se hacían otras cosas, se charlaba, se hacían manitas, se ligaba o cualquier otra cosa (...)
Que no es diferente a lo que se hacía en las representaciones de Mozart, Donizetti y, si me apura, Verdi. Que no le engañen con románticas visiones sobre el Romanticismo: Hasta la figura de Antoine en la penúltima década del siglo XIX la luz de sala se mantenía encendida (si exceptuamos Bayreuth, a partir de 1876) y al teatro se iba a lo que se iba, y desde luego no era precisamente a que Donizetti nos deslumbrara con su sesuda dramaturgia sobre Roberto Devereux.