Me ha gustado mucho el mensaje de gakugeki, que expresa de forma menos provocativa, inteligente y razonada (como acostumbra) lo que yo quería decir.
Estimado Alberich (y también en respuesta a la pregunta de Gino), si el canon está basado en verdades objetivas, si hay un núcleo inmutable, cómo se explica, con el criterio de la calidad y grandeza artística objetiva (sea eso lo que sea), la exclusión del repertorio de obras maestras y la inclusión de obras modestas (a mi juicio). ¿Por qué
hay que escuchar Andrea Chenier, Werther, Adriana Lecouvreur, Don Pasquale o la Gioconda y
no hay que escuchar Euryanthe, El Barberillo de Lavapiés, Muerte en Venecia o Ifigenia in Tracia? Sus razonamientos sobre el canon y la objetividad no responden a la pregunta. Tenemos que irnos a los gustos caprichosos, las modas, la tradición y la costumbre, la presencia de cantantes que hacen una obra atractiva, y otras razones subjetivas y contingentes, para explicarlo. Podríamos hacer un ejercicio parecido con las listas de los mejores cantantes. Esa de tenores de la BBC de la que tanto nos reímos qué es, un canon objetivo, un capricho inglés o los gustos de un grupo de críticos en un momento determinado. No estoy negando, Gino, que Caruso, por ejemplo, tuviera un talento objetivo que haya hecho que su nombre no se pierda en las arenas del tiempo. Pero Caruso (y no muchos otros que le superaban por todos los sitios) está en las listas y en lo alto del canon porque grabó discos como loco en el momento adecuado. Por algo parecido delaforce perderá su apuesta (o era al revés?) y Domingo tendrá un lugar privilegiado en la historia de la ópera. Creo que no hay nada radical en lo que digo. Simplemente entiendo la ópera como un fenómeno humano y por tanto subjetivo.
Sobre la fidelidad al autor, querido Rupert, habría mucho que hablar, porque no es tan sencillo. Muchos la evocan hablando de las puestas en escena (no necesariamente usted) y luego escuchan maravillados el Mozart de Klemperer o Furtwangler, o el Glück de Solti o Karajan. Historicismo en todo, no? O en nada. O simplemente, disfrutar de lo que nos guste, por encima de los criterios estéticos utilizados y de la relación con el autor y la época de creación del (re)creador. Con las puestas en escena es parecido. Los directores de escena historicistas (o con obras historicistas) son una minoría, bastante atractiva, por cierto. Gente como Benjamin Lazar o Ivan Alexandre. Y no les veo muy interesados por ellos. ¿De verdad creen que Giancarlo del Monaco, Pizzi o Sagi son fieles al autor, en el sentido esencialista del término que ustedes le dan? Para empezar la escenografía y el vestuario de las puestas que normalmente se consideran "como dios manda" son neutros y no ambientan en ninguna época concreta. Cuando lo intentan, rara vez son exactamente de la época en la que se desarrolla la obra (hay excepciones maravillosas). Además, el código de dirección de actores no está inspirado en la época de composición (se podría intentar reconstruir), sino en una extraña y simplista tradición escénica que tiende al gesto efectista y a al aspaviento melodramático. Una convención que poco tiene que ver con lo que cada autor quería en cada obra. Lo que normalmente se considera puestas fieles al autor no es sino otra construcción. Por qué no dicen simplemente, las puestas que a mí me gusta ver, y nos quedamos todos tan tranquilos.
Cuando una ópera se escenifica es una (re)creación de la obra. Otros artistas (cantantes, directores musicales, directores de escena, escenógrafos, iluminadores, figurinistas, etc.) trabajan sobre la obra de otros y crean algo que no existía antes. Una representación buena o mala, pero única e irrepetible. En mi opinión, esa recreación es algo muy parecido a una creación ex novo, y el margen que se le da a los artistas debe ser absoluto, sin más criterio que sus propios objetivos artísticos. Luego al público le gustará o no. Pero dejar las riendas sueltas a la creatividad aumenta las posibilidades de la innovación.
El konzept es un fenómeno complejo, que significa muchas cosas en realidad. De hecho se agrupan bajo esa etiqueta cosas muy distintas simplemente por el desinterés y el desprecio de una buena parte del público. Es algo así como si alguien a quien no le importan mucho las voces se refiriera a los contraltinos, tenores ligeros, lírico-ligeros, líricos, spintos, dramáticos, heldentenores, contratenores, sopranistas, barítonos,..., como "cantantes masculinos". Más allá de eso, si ha triunfado es porque hay un grupo de gente (creadores y espectadores) interesados en él. Tanto que se ha convertido en una estructura de organizar el género alternativa a los criterios tradicionales. Si realmente están interesados en comprender el fenómeno, pregúntense por qué ha triunfado y qué nos dice eso del estado actual de la ópera. Si quieren otro día hablamos de eso.
Por ser justo y volver al comienzo de la conversación. Crear sobre la obra de otros no es deslegitimador. La creación sobre la nada es un mito Romántico, acorazado por las leyes de propiedad intelectual. Si los intérpretes de una ópera son meros transmisores de la grandeza de un compositor y un libretista fallecidos, ¿para qué seguir grabando, interpretando, representando? Los intérpretes son creadores.
Esta conversación ha sido muy interesante, porque ha habido varias foreros que se han declarado "feroces opositores" del konzept. Me parece fascinante la expresión. Es como si alguien se declarara feroz
opositor de las sopranos ligeras, del belcanto o del Teastro Regio di Parma. ¿No ven algo distinto? Hay un sentimiento de amenaza. Las nuevas tendencias escénicas están redefiniendo el género tal y como aprendí que era cuando me socialicé en él. Para mí es aquí donde hay que buscar el origen de la desproporcionada y poco argumentada en términos artísticos
oposición al konzept. Por eso volver al terreno de los gustos (contingentes, caprichosos, cambiantes) es mucho más constructivo (y en el fondo realista) que vivir en las elucubraciones, conspiraciones y luchas de poder por definir la ópera. Y cuando algo no me gusta, no monto una cruzada. Simplemente no voy. O voy, con los ojos y oídos abiertos, porque a lo mejor descubro algo nuevo.