zerbinetto escribió:
Pero con todos mis respetos, señor Alberich, ¿es "Don Quijote de la Mancha" una entretenida novela de aventuras caballerescas o algo que va mucho más allá, tan mas allá que sus profundas meditaciones siguen siendo válidas y frescas hoy en día? ¿Es "Così fan tutte" una necia comedia poco creíble o un certero tratado filosófico sobre las veleidades del amor y la incapacidad de los humanos para mantenernos fieles? ¿No es "Lohengrin", esa tristísima ópera, un poco lo mismo, con el añadido de que, aún sabiendo con certeza que escogemos el mal camino, seguimos por él erre que erre, y no una mediocre historia de un señor que viene en un cisne a salvar a una dama y un pueblo en apuros? ¿Y "En busca del tiempo perdido", es un peñazo de 7 tomos que no hay quien lo termine, o bien la descripción minuciosa de casi todas las situaciones y emociones por las que pasamos los humanos a lo largo de la vida? Podría seguir poniendo ejemplos "ad infinitum".
Bueno, lea otra vez lo que yo he escrito (concretamente la parte que ha citado Tucker) y verá que digo, precisamente, lo mismo que usted señala: las grandes obras admiten múltiples lecturas (dentro de la integridad de su texto y época), pero yo prefiero que sea "MI" lectura de lo que crearon sus autores (músicos y libretistas), no las elucubraciones de ningún otro (que, además, en numerosas ocasiones tergiversan la obra original). Y por cierto:
Don Quijote de la Mancha, Così fan tutte, Lohengrin y
En busca del tiempo perdido cuentan lo que cuentan, y encierran lo que encierran, y nada más. Otra cosa es que luego, críticos, teóricos, literatos y estudiosos, a través del análisis de dichas obras extraigan consecuencias, nuevas lecturas, interpretaciones, etc. Pero la obra es la que es, y se ofrece al lector prístina (de hecho, cualquier editor buscará ser lo más fiel posible al original, según los criterios propios de la Filología y su ecdótica). Luego será dicho lector el que decida si, además, quiere adentrarse en ese mundo de reinterpretaciones y nuevas lecturas. Pues eso mismo es lo que yo querría para el mundo de la ópera: representaciones fidelísimas, respetuosas, lo menos desnaturalizadoras posibles. Entiendo que alguno objetará que el problema principal es que mientras unas obras (las literarias, las plásticas) se disfrutan y digieren de modo individual, las teatrales se desarrollan en un marco colectivo. Pero, por eso mismo, quizá, y con mayor motivo, deberían ofrecerse tal y como las pergeñaron sus creadores (para que la gente sepa cómo eran realmente), y que luego, cada uno de los espectadores sacara sus propias conclusiones, sin intermediación de manuales de uso, ni de cerebritos exegéticos.
zerbinetto escribió:
Los compositores son genios que cuentan muchas cosas en una ópera de dos o tres horas a la que es evidente que tienen que encajar en algún tipo de historia.
No, querido amigo, discúlpeme: los compositores quisieron contar lo que contaron, y no lo que nos quieren hacer creer los directores de escena para justificar su trabajo (con propuestas que, además, en numerosas ocasiones resultan claramente extemporáneas y nada clarificadoras).
zerbinetto escribió:
Y que los regisseurs busquen, no cambiar la historia, sino encontrar o resaltar las ideas que a veces subyacen en ella y que no son tan evidentes [...]. Naturalmente hay algunos que lo hacen bien, con inteligencia y respeto a la obra, y otros que piensan que los protagonistas de la función son ellos y no el compositor. En esa parte no puedo sino darle la razón.
Yo tampoco estoy tajantemente en contra de esa posibilidad (aunque prefiero que no existiera), pero lo cierto es que la mayoría de las veces se cambian las historias (si no en sus líneas fundamentales, sí en numerosos aspectos que pudieran parecer tangenciales, y no lo son: por ejemplo, los cambios históricos de época, que dejan sin sentido mucho de lo que dicen los libretos).
Pero sobre todo, si he entrado en la conversación es para precisar que la afirmación categórica de Manon Troppo no era exacta, pues muchos volvemos reiteradamente a esas obras porque las queremos y nos gustan como se crearon, no pasadas por el filtro del genio escénico de turno.
Un saludete.