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Lamento ser aparentemente el único que ha visto la función, porque yo no tengo conocimientos técnicos y solamente doy mis impresiones.
Vi la función el día 15 con la Pankratova y el segundo tenor, Brian Register, indispuesto, y el 19 con la Davidsen y Clay Hilley. A la Pankratova la he visto en las tres veces anteriores que ha ido al Liceu y la Davidsen la vi en el Tabarro, las dos en su momento me gustaron bastante, aunque creo que la Davidsen no era entonces la gran diva que es ahora y en el Trittico destacó más Ermonela Jaho, entre otras cosas porque la Suor Angelica es más impactante que Il Tabarro.
Qué voy a decir que no hayan leído en las críticas. Ya me gusta que el montaje sea minimalista y me recordó bastante al de hace nueve años, basado en el juego de oscuridad y luces y un disco que iba haciendo funciones polivalentes. En este caso era un poco la versión de Temu, era pobretona y poco imaginativa, pero no molestaba, salvo la mesa de banquete del inicio. Un cinco raspadito.
Tristan es mi ópera favorita, en las partes que me gustan me produce una emoción casi narcótica, especialmente el prólogo y la liebesnacht. El día 15 me entusiasmé poco, la obertura no me emocionó (ni un día ni el otro) aunque tengo objeción ni a la orquesta ni a la directora, la música me gustó muchísimo más en 2017, creo que dirigida por Pons.
El Tristan indispuesto hizo lo que pudo y Pankratova no me gustó en el Liebestod, donde yo diría que llegó a desafinar un poco. En conjunto una representación ligeramente decepcionante. Fui con mi suegra, que es una gran aficionada a la música clásica pero no es espectadora de ópera y le gustó mucho, pero claro, es que es la obra que es.
Lamento no conocer la obra lo suficiente como para detectar si hubo algún corte en el Liebesnacht, como he leído por aquí, la duración me pareció la habitual, pero no me hagan mucho caso.
Preciosos los momentos de Brangane en las dos representaciones, pero es que son tan hermosos, que lo has de hacer fatal para que queden mal. A mí me gustó esta Brangane, me habría encantado que nos la hubiera representado la extaordinaria Isolda de 2017, Irene Theorin.
La representación del día 19 fue infinitamente mejor. Los especialistas podréis opinar sobre la idoneidad de Davidsen como Isolda, pero en escena es un fenómeno. Canta bien, tiene una voz bonita y potente y representa perfectamente el personaje. El Liebestod, impresionante y la Liebesnatch, todo lo embriagadora que ha de ser. El tenor bien, pero no quedará en la memoria. Tuvo el gran problema de que la Davidsen es un pedazo de tía tremendo y él quedaba como Tristan pitufín, ya sé que no hay que tenerlo mucho en cuenta, pero la verdad es que escénicamente chirriaba y la comidilla en los intermedios era que se subiera a la tarima para abrazar a Isolda. Por tanto coincido con la crítica (en general, hay excepciones) en que Davidsen es una extraordinaria Isolda y que el montaje y la dramaturgia eran justitos. La directora y la orquesta no me han llamado especialmente la atención en ningún sentido, ni bueno ni malo. Un notable alto cuando está la diva noruega, un bien si no está.
Me apasiona Wagner, mi ópera favorita es ésta, pero hay momentos taaaaaaan aburridos... ese ir y venir en el barco (no se me hizo especialmente pesado, pero vamos, con la mitad de duración tendríamos bastante), la retahíla del Rey Marke en el segundo acto, que no se acaba. Y por supuesto, la hora de agonía de Tristan, que es uno de los peores momentos de todo el repertorio, qué lata interminable. Mantengo que Wagner es un compositor sublime, el más grande, pero su dramaturgia es bastante deficiente y no sabe mantener la tensión ni la emoción en muchas escenas, y que no sería ningún disparate, lo siento, recortar alguna de las escenas (pero no el meollo de la Liebesnatch, por mí que dure tres horas más de invocaciones al amor y la muerte) En la representación del 2017 no me sentí tan agredido con la agonía de Tristan (mi padre la ponía siempre como modelo de lo aburrida que puede ser la ópera, él era de zarzuela y revista), al contrario, me pasó bien, quizás el montaje, el tenor o la orquesta, en esta temporada, incrementaron el inevitable tedio.
Una de las formas de contar lo que me queda de recorrido en en Tristanes. Tengo 65 tacos y si la hacen cada siete y ocho años, llegaré a ver otra más casi seguro y la siguiente... ahí ahí. Dos Tristanes. A tres no llegaré, y si llego, no podré pasar cinco horas sentado en una butaca del Liceu. Con esta consideración, y como tengo acceso a los ensayos, me había planteado verla tres veces, el ensayo, el 15 y el 19. Me alegro haberla visto solamente dos veces, ésta no es una representación tan interesante como para verla tres veces en quince días.
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