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Pues miren ustedes, yo fui y mi impresión es la siguiente.
La escenografía: genial, cuando fui a ver el escenario tras la representación no me podía creer que aquello fuera tela pintada, es impresionante la ambientación y la iluminación.
La dirección: yo, qué quieren que les diga, Halffter es un director solvente, y lo prefiero mil veces a los supuestos "rompedores" que me destrozan la ópera con tempos totalmente fuera de lugar que se le indigestan a uno más que Domingo haciendo de Rigoletto. Bien es verdad que es muy de ejecutar y no interpreta demasiado, pero como esto es Verdi tampoco se carga la función.
El coro: me ha gustado mucho siempre el coro del Maestranza, sobre todo las voces masculinas. Muchas veces pienso que para los secundarios que se traen en algunas producciones podrían darle una oportunidad a las voces de la casa.
Aida: Tamara Wilson no me entusiasmó para nada ni en el primer acto ni en el segundo. En el tercero y el cuarto, todo lo contrario; su O patria mia fue precioso y el final consiguió emocionarme porque como ya han apuntado por aquí, por fin se compenetró con Alfred Kim. Pero en general, en mi opinión, cortita de potencia para lo que el papel requiere en muchos momentos.
Radamès: a mí es que Alfred Kim me gustó. Es decir, vale que cantó Celeste Aida como si fuera el Esultate pero... ¿acaso no la cantaba así (interpretativamente, obviamente en cuanto a voz está a años luz) mi idolatrado Franco Corelli? Y que alguien niegue ante mí que fue un fantástico Radamès, que ya afilo las espadas. A mí me gusta un Radamès peleón, macho, apasionado, aunque no sea capaz de apianar el final de Celeste Aida ni el de O terra addio (que por cierto, el día que yo fui al menos, el señor Kim se marcó un piano que no se me va a olvidar). La voz es oscura y potente, nada angustiosa en el agudo, y francamente prefiero eso a un tenorcito intruso que se meta a cantar repertorio pesado para que valoren su amplia gama de matices vocales y que no te haga temblar el espinazo con un trallazo al Si bemol detrás de otro en el final del segundo acto.
Amneris: de la Corbacho digo lo mismo que de Alfred Kim. Celosa, cabreá, aprovecha su momento de gloria al final del segundo acto para tragarse el mundo (porque interpretativamente es lo que tiene más sentido, ya que es la única que en ese momento está exultante; los demás personajes están hechos polvo). Que no sea Dolora Zajick (a quien tuve el placer de escuchar en Cavalleria el año pasado) no significa que no cante una Amneris visceral, poderosa, quizá un poco "verista" pero con mucha presencia vocal y escénica (coñas aparte).
Amonasro: Doss no me gustó cuando hizo de Alfio y no me ha gustado ahora. Cuando me pongan delante a un barítono con fraseo, squillo y una voz homogénea en el registro (a lo Warren o MacNeil aunque no necesariamente tan tremendo) bailaré en calzoncillos en la puerta del teatro. Porque lo mismo que les digo que aluciné con Leo Nucci en junio, también reconozco que le eché en falta muchas cosas, algunas que ha perdido pero otras que nunca ha tenido. Doss, cualquier sonido que emite por encima de un Fa lo coloca (citando al señor Tip) en el cogote del que tiene detrás, literalmente se traga el sonido, y aunque tiene una voz más poderosa (por potencia y por seguridad en la emisión) que la última vez que lo vi, lo que lo salva de mi particular lista negra, no llega a hacer que disfrute de verlo cantar.
Ramfis: Ulyanov me ha gustado siempre, un poco gutural y con fraseo a veces discutible pero, salvando las distancias, también lo era Talvela y sin embargo más que un defecto era un sello distintivo. Es un Ramfis implacable, cabrón, que va un paso por delante siempre y que tiene condenado a Radamès a muerte desde la primera escena del primer acto. Su forma tan violenta de atacar la frase "Immenso Phtà" es como decir "tú serás el ejército, pero yo soy Dios."
El faraón, o el Rey (o el tirolés jubilado): este personaje tiene tres momentos. O sea, tiene frases y demás que podría cantar cualquier bajo estudiante de conservatorio y tres momentos (cuando manda a Radamès a la guerra, cuando le dice que puede pedir como premio lo que quiera y cuando le da la mano de Amneris), digamos, "de gloria". Pues a Malinverno se le escapó un gallazo sideral en cada uno de esos tres momentos. Por otra parte, cantó su papel como si se tratara de Geronte di Ravoir, como una especie de Altoum del antiguo Egipto. Su Rey es un vejestorio, acabado, un "pussy" sin autoridad al que no tomaría en serio ni su cocinera. Y lo malo es que no es una cuestión interpretativa, sino puramente de incapacidad vocal.
En conjunto: no suelo ser criticón, así que con una buena dirección y coro, y tres buenos protagonistas (porque Wilson no me entusiasmó al principio pero ya digo, luego me encantó) consigues que disfrute. Si me llevo de regalo el Ramfis de Ulyanov, mejor que mejor.
_________________ D'un poeta non disprezzate il detto
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