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No hace falta recurrir a la alineación de planetas, ni invocar a chamanes o quiromantes para que una velada operística resulte perfecta. Sucede muy raramente, por que es muy difícil que todos los cantantes se hallen con la misma fortaleza física y anímica en un determinado día, por que además de los cantantes la figura del director es fundamental y también él debe encontrarse con una disposición y una adecuación con la obra que va a interpretar lo mas idónea posible. Cuando todo esto ocurre el resultado para el espectador roza los limites de su estabilidad sensorial y cree morir en un arranque de misticismo y éxtasis casi divino. Y esto sucedió la tarde-noche del dia 21 en la Staasoper de Berlin, un teatro de un prestigio mundial importante en el que han existido veladas musicales míticas. Pero no son los grandes teatros los que hacen grandes voces, si no las grandes voces las que hacen grandes a los teatros.
Confieso que después de mas de 250 operas a las que he asistido, con mas de 25 años de mi vida asistiendo a representaciones operísticas, la tarde del 21 de Marzo he vivido mi gran velada operística. Y he visto funciones inolvidables que permanecen en mi recuerdo de una forma casi indelebles. Pero la intensidad, la emoción, la arrolladora presencias de unos cantantes en una de las óperas mas difíciles de cantar, la introspección de todos ellos en el rol al que estaban dando vida, y, sobre todo, la imponente presencia de una orquesta cumplidora, doblegada por completo al designio de un director exigente y puntilloso, todo esto no lo había vivido en todos estos 25 años. Y había que estar allí presente. Esta función en un Cd o en un DVD no sería igual, no seria lo mismo. Habéis hablado del publico? Reinaba un silencio abrumador, sepulcral; el publico no pestañeaba, no se movía, no respiraba. Estábamos aprisionados en las butacas como si nos hubieran ataviado con armaduras de plomo. La atronadora respuesta en los finales de acto o el delirio del final de la opera fue algo indescriptible. Había que estar allí! Rostros surcados por las lagrimas, voces rotas por el llanto, aplausos ensordecedores, personas inmóviles, exánimes, sin fuerza para expresar su emoción.
Los gestos del publico, ya en la calle, eran la mejor respuesta a lo que allí dentro habíamos vivido, y que mejor que el de mis compañeros de viaje para que expresaran la inmensa emoción. Jamás olvidare el rostro de desconsuelo de Conchi, sus ojos enrojecidos, su expresión de haber vivido una dicha infinita idéntica a la de todos nosotros.
De las voces,¿ que se puede comentar que no se suponga? Creo que es la séptima vez que veía a Waltraud Meier; y la vi por primera vez hace muchos años, y con la voz mas lozana y fresca, y cualquier otro adjetivo que se os ocurra. Pero jamás me ha hecho vibrar tanto como el domingo. Sensacional, en el sentido que supo transmitirme sensaciones, y perfecta por que su adecuación al rol lo es. Y era la tercera Isolde que le escucho en directo. Pero nunca tan perfecta como esta. Lo que realmente distingue a los escasos grandes cantantes de los simplemente buenos es la calidad y la belleza de su voz, y mas concretamente su registro medio. Y la pastosidad y cremosidad del de Meier ha ido a evolucionando a una carnalidad “pa untar”: único, espeso, rico, extraordinario. Emite sonidos increíbles, que se proyectan sin problema alguno, aunque la barrera de sonido que fluye desde la orquesta parezca infranqueable. Cantar no es solo emitir agudos con firmeza como nos demostró la noche anterior Eglise Gutierrez interpretando Lucia di Lammermoor. Es mucho mas que eso! El reconocimiento del público fue ensordecedor, hasta ordinario y chabacano diría, por que el público no se conformaba tan solo haciendo chocar sus manos, o eso nos resultaba muy pobre para expresarle nuestro agradecimiento.
Seiffert es un cantante inconstante, y ese era el temor que todos teníamos. Pero tuvo una gran noche, la mejor de las que le recuerdo. Aun conserva un timbre juvenil, de fácil ascenso al agudo, squillante, con una proyección ejemplar, un fraseo espectacular y un legato antológico. Que quizás estemos acostumbrados a un heldentenor de voz mas oscura para este papel? Quizás, no lo pongo en duda, pero cumplió sobradamente y no eche en falta que mi memoria recurriera a otros nombres, por que no hacia falta en ese momento. El imposible rol de Tristan, el gran escollo que pocos tenores salvan sin dificultad Seiffert lo despacho con sobrada solvencia y vehemente discurso.
Y si ya al finalizar el acto I ambos cantantes nos dejaron evidente que íbamos a presenciar un Tristan und Isolde soberbio, y todo el largo dúo del acto II revalido dicha impresión, …….entra en escena Pape! No iba a consentir que el triunfo de la noche se lo repartieran todos menos el; tenía que hacer lo posible para emular la fastuosa actuación de sus colegas. Y asi fue: su presencia es imponente, su Marke, lejos de ser el de los monolíticos señores del pasado es mas fresco, con un fraseo cuidado y una voz firme, pero igual de solemne que aquellos. Bastante mejor que la última vez que lo vi como Marke, a pesar de haberme dejado en aquella ocasión impactado la forma de abordar este papel.
Una gran velada, y un gran recuerdo que tuve la inmensa fortuna de haber compartido con muchos foreros y buenos amigos. A partir de ahora creo que nos unirá un lazo invisible de haber sido todos testigos y participes de la misma emoción en el mismo momento.
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