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Yo creo que no se puede obviar otra dimensión fundamental en lo artísitico y es la parte espiritual, la capacidad de dar con la entraña, con el secreto de la música, la capacidad de, aún con medios imperfectos abrir el tarro de las esencias, sentir que por primera vez, a pesar de muchas escuchas anteriores, estás recibiendo un mensaje, una verdad que antes no fuiste capaz de recibir. Y eso no es medible, ni es igual en cada persona. Por eso, a veces, salimos de un concierto que tiene un éxito arrollador, y sin embargo sentimos en nuestro interior que nos ha faltado algo, y otras veces, el público está gélido y a nosostros nos han tocado el corazón. Esto también pasa con la puesta en escena. No todo en la vida, y menos en el arte es razonable o medible. y que conste que me dedico a un trabajo técnico científico, en el que todo tiene que ser razonado por las leyes de la física, la química o la biología. Pero esto, además de los factores más fácilmente medibles, como el riqueza tímbrica, la extensión de la voz, la homogeneidad, la facilidad para el legato, el fiato, etc, tiene también otros elementos que se nos escapan. Ante el Beethoven de Karajan yo no podré rebatir los aspectos puramente físicos y placenteros de la escucha, y sin embargo, cuando escucho a Fürtwangler o a Klemperer, en interpretaciones menos placenteras, a veces más imperfectas, siento que me llevan a otro lugar, a algo que siento más verdadero, más emocionante. Y esto también pasa con los cantantes. Hay Mimís que me han hecho llorar de emoción con voces imperfectas, menos dotadas tímbricamente, pero que sin embargo tenían la llave para llegar a ese lugar que otras sopranos, mucho más dotadas vocalmente no consiguieron. Hay muchas explicaciones a nivel espiritual, filosófico, para entender que esa llave que abre lo inefable, lo más profundo, en cada persona, no es la misma en todas las personas. Y por eso no basta, aunque muy necesario hacerlo, recurrir a factores puramente físicos. Por ejemplo, en el caso de Netrebko, el hecho de que ha conseguido un ensanchamiento de la voz que puede resultar artificial para algunos oyentes, o ese abombamiento al que aludía Tunner, en nuestro inconsciente puede producirnos un cierto rechazo, y a otros oyentes serán otros factores los que les produzca rechazo en otras sopranos. No existe la voz perfecta, todo cantante tiene varios talones de aquiles, y por ello cada uno "perdonaremos" mejor unos defectos u otros, y lo que a unos les hace tocar el cielo a otros no. Al final, como amante de la ópera, me sirve de muy poco una lista de mérios de un cantante, que no puedo negar, que tengo que decir que objetivamente es verdad, pero sin embargo salgo del teatro con un punto de decepción. Es una cuestión, es verdad, multifactorial. Pero no se trata solamente de una opinión más, eso se lo dejo a los expertos en voces que podrán opinar con criterios más sólidos. Se trata de que la música, los músicos nos "toquen" el alma.
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