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En abril se cumplieron 100 años desde el famoso estreno de Turandot en la Scala, con Toscanini, Fleta y su representación inacabada. Es por ello por lo que andan y han andado en cartelera Turandotes por doquier y el Teatro de ópera Valenciano no iba a ser menos.
Y es que Turandot es un fijo en la programación valenciana. 5ª vez que se programa en el teatro que sólo cuenta con 19 años de existencia. Vamos, una exageración.
4 veces con la famosa y dvdizada puesta en escena de Chen Kaige, que la dirigió dos veces Zubin Mehta (la última fue su despedida del Palau con octavillas y abucheos a la consellera), una Lorin Maazel y una, la olvidada de Alpesh Chauhan , que se hizo en ese invento al que se le llamó pretemporada y de la que fue fulminantemente despedida Jennifer Wilson por Jesús Iglesias tras su desastrosa primera función.
Este año ha vuelto Turandot, pero esta vez con una escenografía del omnipresente Alex Ollé.
Y yo he asistido a todas.
Bien, ya se ha comentado casi todo, por lo que me centraré en mis impresiones: me ha parecido un muy buen Turandot, cerrando una muy buena temporada, construida con un presupuesto muy ajustado y con resultados excelentes.
A mí, la puesta en escena de Ollé, que no es santo de mi devoción, siendo todo lo que ya se ha escri-to, me ha gustado. Turandot aguanta puestas en escena simbólicas e innovadoras muy bien, y esta es resultona, entretenida y espectacular en algunos momentos. Lo de que Turandot se suicide al final (en mi representación se suicidó), es una chorrada más del regista, pero me molesta menos que genialidades incomprensibles que requieren de libro de instrucciones.
La orquesta y el coro a todo trapo me encantaron, y es que me va la marcha. Y el que no traspase la orquesta en un Turandot (o en un Wagner), que se quede en casa. Ni Ekaterina ni Carolina tuvieron problemas. Además, como se ha dicho, Sir Mark Elder, que cada día me gusta más, no sólo le metió decibelios al invento, si no que sacó matices y sonoridades que nunca había oído antes. Ni con Mehta, ni con Maazel.
El coro, que en esta ópera es un personaje más fundamental, acongojante. Cuando se metían marcha orquesta y coro, yo lo gozaba.
Tírali.
Gregory Kunde estuvo muy mal. El pobre empezó decente, pero se fue apagando para acabar de forma penosa. Y ya lo siento. Su Nessun Dorma flojísimo, con cabios de color y sin belleza ni emoción ninguna. Que frasea y tiene estilo?, sí. Pero está para pocos trotes. Y ya lo siento.
Ekaterina Semenchuk es una mezzo con agudos, que, sin ser un desastre, tampoco lo borda. Saca el papel adelante con los medios que Dios le ha dado, pero yo la prefiero de Brangäne.
Carolina López Moreno es maravillosa en 360º, en todos ángulos y en todos los sentidos. Si no se echa a perder hay soprano lírica para rato. Agudos bien proyectos, regulación elegante, filados perfectamente conseguidos y además es guapísima. Excelente.
El Timur de Liang Li, impecable. Bajo de voz rotunda y cargada de armónicos.
El trio de la Comedia del arte, Ping, Pang, Pong, estuvo formado de intérpretes de recorrido probado o previsto y con nombre ya en el circuito.
Para mí, el mejor fue el Pong de Mikeldi Atxalandabaso. Es un gran cantante, que, si el físico le acompañase más y no tuviese ese aspecto de actor de película de Alfredo Landa, seguro que estaría en papeles de protagonista. Es una pena, pero creo que es así.
El Ping de Jan Antem fue un poco decepcionante, ya que creo que es la primera vez que le oigo en directo y, francamente, esperaba más.
El Pang de Pablo García-López, bastante bueno, en la línea de lo que es Pablo, aunque no me gusta que cante a ratos con mueca y sólo abriendo la parte derecha de la boca. En fin, por buscar pegas en chorradas. En cualquier caso, un buen trio muy equilibrado.
El resto del elenco bastante bien.
Un placer coincidir con Amolaopera, aunque esta vez no coincidiéramos, valga la redundancia, en casi nada.
Lo dicho, un buen final para una buena temporada. Pero el próximo Puccini, que sea otro.
¡¡¡Viva Puccini!!!
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