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 Asunto: PELLÉAS ET MÉLISANDE en A Coruña
NotaPublicado: 07 Dic 2025 19:34 
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Gran éxito de la versión en concierto de PELLÉAS ET MÉLISANDE que cerró la Temporada Lírica coruñesa.
Ronda de críticas...

https://www.lavozdegalicia.es/noticia/c ... 7C4991.htm
«Pelléas et Mélisande»: noche de gloria
Hugo Álvarez Domínguez


Es paradójico que un título capital de la ópera del siglo XX como Pelléas et Mélisande, de Debussy, tardase 123 años en presentarse en A Coruña.
Fue la función más redonda de los últimos años y la propuesta más lograda de Aquiles Machado desde que asumió la dirección artística de Amigos de la Ópera. También noche de gloria para la OSG y para un José Miguel Pérez-Sierra, que hizo una de sus mejores actuaciones en la ciudad. Se anunció versión semiescenificada, pero fue versión de concierto pura y dura. La acción de Pelléas et Mélisande (tan contemplativa como su música) aguanta una versión concertante (que permite centrarse en el bellísimo texto), pero fue una pena no escenificar el mayor acierto del ciclo que termina.
Aquí la orquesta es protagonista, y las voces, casi instrumentos que se unen al conjunto. La OSG asumió uno de sus mayores retos de la temporada de modo formidable. El sonido fue pura sedosidad (especialmente cuerdas y maderas, primorosas), mostrando que este es el repertorio donde más destaca. Lástima que estas óperas donde la orquesta posee importancia capital desapareciesen de la temporada de la OSG y de la Temporada Lírica.
José Miguel Pérez-Sierra manejó el balance entre voces y orquesta y penetró en las sutilezas orquestales; sobre todo en unos interludios que mantuvieron temperatura y tensión (muy destacables los del cuarto acto). Subrayó la riqueza de colores y texturas (ahora solares, ahora tenebrosos) de la partitura y el rendimiento espléndido de la OSG: batuta y orquesta fueron los puntales de una función sobresaliente.
Elenco ideal, bien cuidado por la batuta. Si a la Mélisande de Sabrina Gárdez (en avanzadísimo estado de embarazo, como su personaje) le faltó el candor aniñado inicial (por el metal de unos medios a veces demasiado líricos para la parte), mejoró a partir del tercer acto, perfilando la sensualidad del papel y haciendo gala de canto expresivo. Sencillamente colosal el Pelléas de Edward Nelson por voz, medios e intenciones: auténtico barítono Martin, dominó el personaje con voz penetrante y marcado sentido teatral. El dúo del cuarto acto entre ambos fue de alto voltaje.
Volvía Jean-Fernand Setti (tras Escamillo en Carmen), ahora como Golaud. De robustos y sonoros medios, fraseó a la perfección la ambigüedad entre marido enamorado y hombre violento en una gran creación. El Arkel de Igor Durlovski sonó crepuscular, mientras Mónica Redondo impuso elegancia y redondez de un timbre de grave bien apoyado como Geneviéve; y Belén Vaquero cantó al niño Yniold con voz refulgente. Javier Agudo resolvió bien como pastor y médico.
Triunfo incontestable y versión memorable de un título que debe abrir la puerta a otros igual de ambiciosos. Esta función fue un cierre redondo a una temporada algo descafeinada. Hay mimbres para que la apuesta por títulos audaces como este triunfe. Si Pérez-Sierra buscaba homenajear a título personal al añorado Alberto Zedda, el resultado no pudo ser mejor; aunque A Coruña todavía le debe a Zedda el homenaje que merece.


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 Asunto: Re: PELLÉAS ET MÉLISANDE en A Coruña
NotaPublicado: 07 Dic 2025 19:38 
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https://www.operaactual.com/critica/un- ... esaliente/
El esplendor de las primeras veces
Son importantes las primeras veces. Casi más que las segundas, porque en algún momento hay que empezar. Cuesta creer que en siete décadas de festivales y temporadas líricas, los Amigos de la Ópera de A Coruña no encontraran hasta este año el momento de representar Pelléas et Mélisande, una obra maestra del siglo XX que encierra en sí misma un sinfín de paradojas. La partitura de Debussy transporta a esa oscuridad en cuyo interior los dos amantes desnudan sus sentimientos instantes antes de la tragedia, pero en modo alguno es esta una obra crepuscular; bien al contrario, su escritura anuncia los albores de la ópera moderna con una luminosidad captada de manera magistral por la Sinfónica de Galicia, en una de sus mejores noches de los últimos tiempos.
Bajo la acertada batuta de José Miguel Pérez-Sierra la orquesta fue sumergiéndose en la atmósfera brumosa, íntima, de la línea melódica debussiana, tan evanescente, tan cambiante, como el agua que mana de la fuente de los ciegos en la cual Mélisande pierde su anillo. Esa música que brota del silencio fue magistralmente interpretada por el conjunto gallego desplegando la ductilidad y exquisitez de sus cuerdas y maderas. Deliciosos los pequeños detalles en los pasajes orquestales: qué extraordinariamente bien le sienta este repertorio a la Sinfónica en comunión con el maestro madrileño.
Este Pelléas con el que A Coruña bajaba el telón de su 73ª Temporada es (también) la primera vez que la actual dirección artística puede apuntarse el tanto de una propuesta intachable, soslayando incluso la ausencia de escenografía. Un resultado artístico sobresaliente, en el que emergió con luz propia Edward Nelson como un Pelléas emocionante e intenso; con un precioso material de baritone-Martin, el intérprete norteamericano exhibió su mestiere del personaje con una encarnación viva, sentida, de fraseo pulcro y vibrante de acentos, y una gama de colores exuberante. La Mélisande de Sabrina Gardez gustó más en su faceta amorosa y doliente de la segunda mitad de la ópera que en la inocente e ingenua con que se presenta en escena, que resultó un tanto fría. Jean-Fernand Setti esbozó un Golaud ambivalente, entre la pose autoritaria con imponente sonoridad y la vulnerabilidad del amante traicionado. Quizás entre un extremo y otro pueda perfilar la gama de grises. Una y otro debutaban en los roles, lo que añade mérito. Convincente el anciano Arkel de Igor Durlovski, sólida la Geneviève de Mónica Redondo, así como la inocente Yniold de Belén Vaquero. Cumplidor Javier Agudo.
Esta ópera de Debussy, que deja un inmejorable regusto, plantea ahora la interrogante de si es un punto de inflexión en la trayectoria de la actual dirección artística o, por el contrario, la excepción a lo visto en los últimos años. Han sido cuatro temporadas de resultados artísticos tan aceptables como desiguales, correctos en las formas, atropellados por una cierta sensación de improvisación, y faltos de un atractivo a priori que devuelva a A Coruña al escaparate nacional que tuvo en el pasado. La ambición parecía postrada en el diván, sumida en una inercia borrascosa, a la espera de mejores tiempos. El tiempo dirá si hay motivos para albergar una duda razonable. * José Luis JIMÉNEZ, corresponsal en A Coruña de ÓPERA ACTUAL


Última edición por Gruberoviano el 07 Dic 2025 23:15, editado 2 veces en total

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 Asunto: Re: PELLÉAS ET MÉLISANDE en A Coruña
NotaPublicado: 07 Dic 2025 19:41 
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https://scherzo.es/a-coruna-pelleas-et- ... strategia/
A CORUÑA/ Pelléas et Mélisande: el triunfo de la estrategia
07/12/2025
Ciento veintitrés años ha tardado en llegar a A Coruña Pelléas et Mélisande de Claude Debussy. Lo hizo el pasado viernes, pero en versión de concierto. Había quienes lo lamentaban porque una ópera es una ópera y una temporada lírica una temporada lírica. Otros reconocían que el presupuesto no daba para más y hasta había quien señalaba lo que pudo ser una alternativa: hacer sin escena aquella La finta semplice de estética Barbie y haber puesto el dinero —seguramente poco para tanto— aquí. Por lo demás, en el escenario del Colón difícilmente hubiera cabido un Pelléas en condiciones y vaya usted a saber si el Palacio de la Ópera —nunca un nombre tuvo menos que ver con lo que define— estaría o no disponible.
La realidad fue que lo que sucedió en el escenario del teatro coruñés consiguió bastarse a sí mismo para definir y desarrollar las bellezas acumuladas en una partitura digna del genio de Claude Debussy. Ya sabemos que la orquesta soporta aquí sin pausa el discurso completo y sin escena debe definir aún más un clima que se imagina pero no se ve, como si se nos estuviera contando, sin ilustraciones, “un cuento de hadas para adultos” como se ha definido a veces el texto de Maeterlinck, aunque tenga más de novela gótica y sea, en realidad, un drama simbolista.
En cierta manera, pues, la plena responsabilidad general, por decirlo así, correspondió a José Miguel Pérez-Sierra, que ratificó con creces su crecimiento como maestro —aquí dirigía algo más que una ópera al uso— y su buen entendimiento con la Sinfónica de Galicia. Desde el primer compás supo establecer ese aroma de misterio, entre embriagador y venenoso, que atraviesa el libreto de Maeterlinck y el propio Debussy y que con mano maestra traduce la maravillosa música de este. Bien puede decirse que no hubo ni una sola caída de tensión en toda la velada y que las tres horas y media que duró la función pasaron en un suspiro. Hubo virtuosismo individual, empaste colectivo y sutileza generalizada en los coruñeses a pesar de esa acústica más bien seca del teatro que impide que el discurso vuele plenamente en lo sonoro. De la delicadeza trágica de los interludios a la intensidad casi morbosa del diálogo entre Golaud e Yniold, la escena entre los protagonistas o el emocionante final todo funcionó con estupenda coherencia teatral… sin teatro.
El reparto fue una muy agradable sorpresa y correspondió plenamente a la idea expresada por el director artístico de la Temporada Lírica, Aquiles Machado, de que es mejor dar oportunidades a promesas que están a punto de pasar a ser realidades que gastar el dinero a lo tonto. La pareja de protagonistas venció y convenció. El estadounidense Edward Nelson se ha ido adueñando de Pelléas, pues en las útimas temporadas lo ha sido en Dallas con Ludovic Morlot, en Sevilla con Michel Plasson, en Des Moines con Derrick Inouye, en Oviedo con Yves Abel y en Oslo con Karl Heinz Steffens, y domina el personaje —fue el único que cantó de memoria— casi a la perfección. Tiene le phisique pour le rôle pero también la voz requerida, que no es otra sino la que corresponde a esa suerte de mítico modelo que llamamos “de barítono Martin”, por Jean-Blaise Martin, quien, al parecer, era un tenor con graves y un barítono con agudos. Relacionados con esa voz ya saben los aficionados quiénes lo han representado con mayor fortuna, desde los casi fundadores Camille Maurane o Jacques Jansen a François Le Roux. La joven habanera formada en España Sabrina Gárdez debutaba el papel de Mélisande y la impresión no pudo ser mejor, entre otras cosas porque lo hizo suyo, le dio una personalidad muy especial, también porque su rango vocal parece impedirle la tentación de una debilidad que no es necesariamente propia del personaje, aunque algunas lecturas históricas lo hayan tratado así. Feliz y notoriamente embarazada, lo que le acercaba a la heroína, además de cantar muy bien supo subrayar sus estados de ánimo con inteligencia y consciencia de la progresión de su propio drama.
El Golaud de Jean-Fernand Setti fue excelente, plenamente en papel, resolviendo las dudas que a este crítico le produjo su Escamillo en la Carmen de esta misma temporada. Supo sostener muy bien la evolución del personaje, perplejo al inicio, desolado al fin y sin perder nunca su hálito de crueldad, su aliento malsano. El macedonio Igor Durlovski fue un sólido Arkel, sobre todo en los momentos postreros de la ópera, tratando de imponer a Golaud la cordura imposible para él de respetar el consumirse de Mélisande. Para Yniold se prefirió un registro de soprano tal cual —magnífica la orensana Belén Vaquero— en lugar de la más aniñada si no directamente infantil de otras veces, y no perdió naturalidad en su enfrentamiento al interrogatorio de Golaud. Cumplieron a la perfección Mónica Redondo, de vuelta en A Coruña, como Geneviève y Javier Agudo como Médico. Sin problemas la leve intervención del Coro Gaos.
En una versión de concierto como esta y con el final inefable de la partitura cualquiera hubiera preferido un mínimo de silencio respetuoso con lo que acabábamos de escuchar. Es lo que suele suceder en los conciertos de la OSG. Lamentablemente, el desaforado e inmediato entusiasmo de algunos nos privó de ese recogimiento final que la ópera de Debussy y su notable presentación coruñesa merecía y al que todos teníamos derecho. No creo que sea tan difícil respetar a la música primero y ovacionar después a los amigos y conocidos que han desfilado sobre las tablas. Lo cortés no quita lo valiente.
Luis Suñén


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 Asunto: Re: PELLÉAS ET MÉLISANDE en A Coruña
NotaPublicado: 12 Dic 2025 2:03 
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https://www.beckmesser.com/critica-conc ... de-coruna/
Crítica: Mas vale versión concierto… “Pelléas et Mélisande” de Debussy en A Coruña
Mas vale versión concierto…
…que muchas óperas representadas, dicen las más afiladas lenguas de amantes de lo lírico ante el actual panorama de la dirección escénica operística, tantas veces dominado por el ansia de protagonismo de muchos registas. Viene esto a cuento de la versión concierto de Pelléas et Mélisande que cerró el viernes 5 la Programación Lírica de A Coruña, anunciada en principio como semiescenificada y realizada como concierto puro y duro.
Y fue una pena, pues siendo el texto de Meterlink un continuo diálogo entre cantantes acción habría bastado una adecuada distribución de entradas y salidas para hacerlas coincidir con el texto. Fue una pena, sí, en el quinto acto, escuchar a Golaud “podéis salir” apenas un minuto después de que médico y Arkel se fueran de uno en uno nada más terminar su parte. Y fue una pena porque una vez juntos los cantantes que compartían escena, alguna somera indicación de movimiento habría sido suficiente para agregar un pellizco de sal al guiso de esta ópera.
Pero no. Cada cantante en su sitio, ante su atril previamente asignado; saliendo a escena cada cual por el lateral del escenario más cercano a este; intercambiando apenas unas miradas con su oponente en las escenas y retirándose nada más cantar por el camino de vuelta al camerino; o al sillón preparado para su descanso en el hombro del escenario o en el trascenio (me niego a usar el anglicismo backstaage; y este término, aun no siendo de uso habitual, es una construcción llena de lógica lingüística, la misma que la de proscenio).
Todos salvo Edward Nelson; el único que entró por diferente lateral para acercarse a Mélisande, que se cambió de ropa y, “casualmente”, cantó su parte de memoria. ¿También el único que “tiene el papel”? No, o casi no, si atendemos a la brillante actuación de los protagonistas y aun de los comprimarios. Pero, ya que estábamos con Nelson, dio carne y sangre a su Pelléas desde su tesitura de amplio espectro. Puestos a encontrar algo mejorable, solo encontraríamos un cambio de apoyo algo más audible de lo ideal al cambiar de registro. Algo nimio en comparación con su construcción del personaje.
La Mélisande de Gardez tuvo verdad en su voz y gestualidad facial. Temió y sufrió a través del canto -de la música- y de la expresión de rostro y cuerpo. Debutante en el papel, se vislumbra lo grande que lo hará cuando lo vaya madurando en escena y supere ese color algo metálico de su registro medio.
Grande ya -y sin ningún tipo de detracción- el Golaud de Setti. Un maltratador y feminicida de libro como muestra su evolución a lo largo del desarrollo de su papel (perdón, iba a decir de la función, ¡ay…!) desde el “despreocupado sorprendido” por el cariño entre su esposa y su “hermanito pequeño” al asesino de su esposa, maltratador infantil y ansioso inquisidor en la escena con Yniold. Este personaje, por cierto, fue clavado en voz por Belén Vaquero. Más que correcto por su canto el médico de Javier Agudo. Mónica Redondo cumplió como Geneviève.
Pelléas et Mélisande es un “continuum” operístico en cinco actos, una serie de escenas como un collar de perlas de cinco vueltas, bien enfilado en una música mágica y con unos interludios como adornos y broche de piedras preciosas. Enfrentarse a ella requiere una inmensa labor de concertación y un mantenimiento de la tensión emocional de la cruz a la firma.
Pérez-Sierra firmó una extraordinaria versión de la obra, con perfecta concertación entre cantantes, empaste y equilibrio sonoro entre todas las secciones de la orquesta y manteniendo la tensión emocional antes nombrada sobre la sutileza y la delicada paleta sonora creada por Debussy. La Sinfónica tuvo sobre el escenario del Colón una de sus grandes noches como “orquesta de foso”.
La noche del viernes fue el broche de oro de una buena temporada. Corta en ópera-teatro, pero llena de una calidad que obliga a felicitar a Amigos de la Ópera de A Coruña y de manera muy especial a director artístico de esta programación, Aquiles Machado.
Julián Carrillo Sanz


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 Asunto: Re: PELLÉAS ET MÉLISANDE en A Coruña
NotaPublicado: 12 Dic 2025 2:06 
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Cuando la orquesta es la escena: inspirado Pelléas et Mélisande en A Coruña
Por Pablo Sánchez Quinteiro, 09 diciembre 2025
La velada operística final de la Temporada Lírica de A Coruña llegó al Teatro Colón envuelta en esa expectación especial que acompaña siempre a la música de escena de Debussy. Pelléas et Mélisande no es una ópera habitual en los escenarios y, cuando aparece, cada ocasión adquiere casi un aire de ceremonia. Máxime en esta ocasión, que marcaba su presentación oficial en Galicia, cuando ya ha transcurrido más de un siglo desde su estreno. En esta cita, la obra se presentó en versión de concierto, un estático formato que condiciona inevitablemente la atmósfera de una partitura tan simbolista y tan rica en imágenes, concebida precisamente para desatar la imaginación visual y escénica del espectador, pero que permitió poner el foco en la calidad musical del reparto y, sobre todo, en la minuciosa labor de la Orquesta Sinfónica de Galicia bajo la dirección de un inspirado José Miguel Pérez-Sierra.
La mayoría del elenco debutaba en sus papeles, y esa circunstancia marcó de forma decisiva el desarrollo dramático. Sin una verdadera semiescenificación y con un formato que limitaba la interacción entre los personajes, fue Edward Nelson —profundo conocedor de la obra y con Pelléas rodado en diversos teatros españoles, lo cual le permitió prescindir de la partitura— quien logró insuflar una acertada gestualidad escénica y romper la rigidez del concierto. Sus sutiles movimientos, su manera de mirar, de colocarse en el limitado espacio y de acompañar al texto ayudaron a mitigar el desfase entre lo que se cuenta y lo que el espectador ve, especialmente para quienes no dominan el libreto y pueden perderse en la sutil trama simbolista de Maeterlinck. Aunque en algún momento se echó de menos el aroma inequívocamente francés —ese color y ese fraseo tan propios de la tradición gala—, su interpretación se impuso por sensibilidad, intención y coherencia estilística.
En el resto del reparto, el nivel vocal fue en general muy sólido, aunque inevitablemente eclipsado por la verdadera protagonista de la noche: la OSG. Pérez-Sierra firmó una lectura de enorme elegancia, sensualidad y precisión, capaz de desplegar ese mundo de penumbras, colores y perfumes tímbricos sin los cuales Debussy pierde su esencia. La orquesta aportó matices, respiración amplia, texturas de un refinamiento extraordinario, traduciendo a la perfección la poética que recorre toda la ópera. La ausencia de escena fue suplida por los abrumadores colores orquestales: selvas tenebrosas, galerías palaciegas, la fuerza del mar, los murmullos del agua y como no, silencios que parecían suspender el tiempo, fueron recreados a la perfección por una orquesta en la que destacaron las cuerdas, lideradas por Ludwig Dürichen y Raul Mirás, y las maderas de Claudia Walker, David Villa, Iván Marín y Steven Harriswangler, infalibles toda la noche.
Sabrina Gárdez mostró un aparato vocal amplio, homogéneo y generoso. Su Mélisande fue sólida desde lo vocal, pero menos evocadora en ese halo poético e infantil que define a la protagonista y que tan decisivo resulta en la dinámica psicológica de la obra. La limitación escénica, impidió que afloraran plenamente la ingenuidad, la fragilidad y el misterio que envuelven al personaje. Jean-Fernand Setti, que tan buenas impresiones había dejado al comienzo de la temporada con su Escamillo, abordó a Golaud desde una perspectiva más sensual que aguerrida. Su lectura, bien proyectada y de sólida presencia vocal, fue por momentos demasiado lineal para un personaje que vive entre la duda, la obsesión y la culpa. El resto del elenco mantuvo un nivel notable y contribuyó a la coherencia del conjunto, con un intenso y mayestático Arkel de Igor Durlovski, una Geneviève cálida y bien fraseada de Mónica Redondo, y una Yniold luminosa y segura de Belén Vaquero, todos ellos bien ensamblados con los roles principales. El Coro Gaos cumplió con solvencia en su breve intervención desde fuera del escenario.
Queda, no obstante, una reflexión final que trasciende esta función concreta. La Temporada Lírica cerró una nueva edición de forma brillante, pero si las instituciones, muy especialmente estatales, no se comprometen con un creciente apoyo económico es probable que la historia se repita y necesitemos otro largo siglo de espera para poder disfrutar de Pelléas et Mélisande en A Coruña tal como Debussy la concibió: plenamente escenificada, con sus símbolos, sus imágenes y su misterio desplegados en todo su esplendor.


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Traducción al español por Huan Manwë para phpbb-es.com